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 La Tierra que Devoró a Venezuela

 


Crónica Cruda del Doblete Sísmico del 24 de Junio de 2026


Eran las 6:04 de la tarde del miércoles 24 de junio de 2026. El sol todavía calentaba la costa venezolana con esa luz naranja pegajosa que precede al atardecer caribeño. En Catia La Mar, La Guaira, Diana lavaba platos en su pequeño apartamento mientras su bebé de apenas 18 días, Juan David, dormía en la cuna. En Playa Grande, familias regresaban de la playa con neveras portátiles y toallas llenas de arena. En Caracas, gente salía de oficinas, atascada en el tráfico habitual de la capital. Nadie esperaba que la tierra se abriera en dos rugidos casi seguidos.

El primero, magnitud 7.2, golpeó como un martillo. Treinta y nueve segundos después, el segundo, 7.5, más profundo y destructivo, completó la sentencia. Profundidad rasa, apenas 10 km. El suelo se onduló como olas de mar en tierra firme. Edificios enteros se inclinaron, crujieron y colapsaron como castillos de naipes: pisos aplastándose uno sobre otros llevándose la vida de cientos de personas en segundos. El polvo se levantó en nubes asfixiantes que ocultaron el sol. Gritos. Llanto. Silencio mortal donde antes había vida. Este no fue un temblor. Fue una catástrofe que sepultó miles de almas en minutos.



Diana y el milagro bajo los escombros

Diana sintió la primera sacudida mientras enjuagaba un vaso. El piso se movió violentamente. Agarró al bebé en un instinto animal y corrió hacia la puerta. No llegó. El segundo sismo las lanzó por el aire como muñecas de trapo. "Fue como volar y caer en el infierno", contaría después. El techo y paredes se derrumbaron alrededor. Quedaron atrapadas en un bolsillo estrecho formado por una losa inclinada y muebles destrozados. Oscuridad total. Polvo que quemaba los pulmones. El llanto débil del bebé era lo único que la mantenía cuerda.

Horas pasaron. Diana racionaba su energía. No gritaba para no gastar oxígeno. Apretaba a Juan David contra su pecho, cantándole bajito canciones de cuna entre toses. "Todo era por mi bebé. Pensé que íbamos a morir ahí, pero no podía dejar de pelear". Afuera, su hermano coordinaba vecinos y voluntarios que cavaban con manos ensangrentadas. Treinta horas después, manos desconocidas removieron concreto y la sacaron con el niño vivo. "Cuando vi a mi hijo, renací. Fue un milagro de Dios en medio del diablo que nos tragó". Su edificio, como cientos en La Guaira, era ahora una montaña irregular de escombros donde se oían más llantos y gemidos débiles.

A pocos metros, en el mismo barrio costero, Cleibert, un joven con sus padres, vivió horror similar. La casa se vino abajo en segundos. Los tres quedaron enterrados bajo toneladas de concreto y hierro retorcido. Réplicas constantes amenazaban con rematarlos. Cleibert salió vivo tras seis días, solo con rasguños. Sus padres no. Los rescatistas lo extrajeron demacrado, deshidratado, pero vivo. "Sentía el peso del mundo encima. Oía a mi mamá gemir al principio, luego nada. Solo silencio y mi propia respiración". Los cuerpos de sus padres fueron recuperados más tarde, aplastados uno junto al otro.


Juan Zapata: Dos días y siete horas entre hierros

Juan Zapata, en un quinto piso con vista al mar en Caraballeda, acababa de cenar. Se preparaba para ducharse cuando el suelo explotó. Fue lanzado contra la pared. El edificio entero se inclinó y colapsó. Despertó atrapado entre dos barras de refuerzo, en lo que pensó era el sótano pero eran restos de su piso. Dos días y siete horas. Sin luz. Con sed que quemaba la garganta. Oía maquinaria lejana y voces. "Grité hasta quedarme ronco. Pensaba en mi familia, en si saldría o si me convertiría en otro cadáver anónimo". Rescatistas civiles lo sacaron. Al emerger, no reconocía el paisaje: playa convertida en zona de guerra, edificios como dientes rotos. "Me dijeron que estaba en el sótano. No podía creerlo. Todo lo que conocía estaba pulverizado".

Andrea Canónico: 48 horas respirando apenas

Andrea, de 23 años, estaba en su apartamento cuando el doblete la atrapó. Quedó inmovilizada, con una viga presionando sus piernas. "Me dije: 'Voy a estar tranquila. Voy a dormir'. No perdí la esperanza ni un segundo". Casi 48 horas en la misma posición, con dolor insoportable, escuchando réplicas y derrumbes cercanos. La sacaron viva, vendada hasta los codos. Pero su hermano de 20 y su tía de 91 seguían desaparecidos bajo los mismos escombros. "Sigo esperando. Cada réplica me mata por dentro". Su testimonio recorrió redes: joven fuerte que sobrevivió por pura voluntad mientras otros se asfixiaban a metros.

La desesperación de las familias en Playa Grande y Catia La Mar

En Vallarta y otros edificios costeros, el colapso fue total. Magnolia, una abuela, murió en su apartamento. Sus hijos en la diáspora (Ecuador, Suiza, Alemania) rastrearon chats de vecinos, listas de hospitales y fotos de escombros durante cuatro días hasta confirmar la peor noticia. "Recibí el video del edificio en el suelo. La desesperación subió de nivel". Voluntarios y familiares cavaban manualmente porque la ayuda oficial tardaba. Un hombre en Miami suplicaba por su cuñado atrapado.

Freddy Salazar buscaba el cuerpo de su hermano en Playa Grande. "Estaba en su apartamento. Me despedí tres minutos antes. Cuando volteé, no quedaba nada". Encontró cuerpos de vecinos, incluso una niña de seis años viva. Pero su hermano no. Tres niñas pequeñas esperaban en casa, huérfanas de madre ya. "No me muevo de aquí hasta encontrarlo. Mi mamá está paralizada del dolor". Vecinos cavaban con picos, palas y manos desnudas bajo sol abrasador y noches sin luz.

Un padre perdió a sus dos hijos (10 y 15 años). Los sacaron envueltos en sábanas. Su esposa seguía desaparecida. "Estoy solo ahora. Rabia contra el gobierno que nos dejó morir". Lloraba en silencio mientras otros seguían buscando. Madres desmayaban al ver cuerpos pequeños. Un rescatista: "Sacamos un niño sin una pierna, cuerpos de dos señoras. Mi hermano murió en mis brazos".

Historias de niños y escuelas que se repitieron

Aunque no tan concentrado como en 1997, colegios y residencias familiares sufrieron. En zonas afectadas, niños en casas de playa o apartamentos colapsaron bajo techos. Un bebé rescatado entre escombros. Otro caso: hermanos de 3 y 10 años sacados envueltos en una sábana; la madre gritando hasta desmayarse mientras continuaban las búsquedas. "Es horrible. Vimos demasiado".

Ninoska Gutierrez y los deportados

Ninoska, deportada recientemente de EE.UU., estaba en un hotel costero. Una viga la atrapó. "No sentía las piernas. Pregunté a Dios por qué". Logró arrastrarse horas después. Caminó kilómetros con rasguños para pedir ayuda. Lisbeth Portillo, otra deportada de 58, escapó con un grupo de 20. "Caminamos 5 km llorando. No había comunicación". Escenas de caos en hoteles y zonas turísticas convertidas en trampas mortales.

Aglaia Berlutti: El minuto que duró una vida

Aglaia estaba por tomar el ascensor para comprar pan cuando sonó una alarma en su teléfono: "Posible terremoto". Segundos después, el infierno. Corrió gritando, chocando con vecinos. "Iba a morir. Ese minuto fue toda mi vida". Sobrevivió ilesa físicamente, pero el trauma la marcó: 50.000 desaparecidos en La Guaira según rumores iniciales, estudiantes muertas como Deborah, familias enteras perdidas. "El país me está pasando a mí".

Rescatistas y voluntarios: Manos ensangrentadas contra el olvido

Voluntarios como Juan Carlos Roncayolo (sobreviviente también de 1967) cavaban sin parar. "Vi el edificio al lado caer. Pensé que moriría en el techo". Usaban picos, linternas, nada más. Un rescatista sacó a 16 vivos y recuperó 22 cuerpos en La Guaira. "Oía rasguños en la pared. Saqué a uno vivo con solo pala". Turcos, salvadoreños y locales unían fuerzas. Perros rastreadores olfateaban vida entre muerte. Noches con antorchas, réplicas sacudiendo todo.

René Ramírez cavaba por su hijo Moises. "Corrían hacia la puerta. Mi esposa lo miró a los ojos antes de que cayera todo". Ivanoska Ortega buscaba a su mejor amigo Romel, padre de familia. "Es como mi hermano". Fotos en celulares: caras sonrientes antes del abismo.

El caos posterior: Sin gobierno, pura solidaridad

Días después, miles acampaban en parkings, autos, playas. Réplicas constantes. Sin luz, agua escasa. Hospitales colapsados. Diáspora enviaba pañales, medicinas vía chats. Vecinos improvisaban cocinas comunitarias. Un streamer captó el momento en vivo: objetos volando, corte abrupto, pánico. "Tembló durísimo. Me tengo que ir".

Samir Jiménez corría a casa en Guarenas por su mamá. Edificio con grietas, nevera desplazada a metros. Dormían en autos. "Réplicas mueven los carros como juguetes". FeirlyGab, streamer, viralizó su terror.

Cifras que no captan el dolor

Más de 2.000-2.600 muertos confirmados inicialmente, miles heridos, decenas de miles damnificados y desaparecidos. Daños catastróficos en La Guaira (Caraballeda, Catia La Mar, Playa Grande), Caracas, Aragua, Carabobo. Tsunami menor en costas. Réplicas por semanas. Economía ya frágil, ahora en ruinas.

Pero las historias humanas son infinitas: 

- Víctor Mendoza atrapado en auto con hijos, sintiendo la tierra tragarlos.
- Joarly Rodríguez recibiendo la peor llamada: familia bajo escombros.
- Lenín Pérez comparándolo con bombardeo.
- Francesca Rindone: "Me agarró en el peor momento".
- Mairim Laya, lejos, impotente.

Cada familia tiene su tragedia. Un mecánico buscando a su hijastra y nietos: solo encontró al perro muerto. "Necesito que mi esposa pueda enterrarlos".

Foto 1: Ruinas de edificio en Catia La Mar.

 Tragedia en Catia La Mar: entre el abandono y la lucha por rescatar vidas bajo los escombros del Luisa Cáceres de Arismendi - El Tiempo
Foto 2: Rescate de sobreviviente ensangrentado en La Guaira.Labores de rescate mantienen esperanza entre familiares de desaparecidos en sismos de Venezuela | AP News
Foto 3: Familiares llorando junto a escombros en Playa Grande.

 Un llanto desconsolado rompe el silencio de las búsquedas de desaparecidos en Venezuela
Foto 4: Vista aérea de Caraballeda antes/después. Imágenes satelitales muestran el antes y después en Venezuela tras  terremotos | Noticias Telemundo
Foto 5: Voluntarios nocturnos con linternas cavando.

Labores de los voluntarios en la zona del desastre tras los terremotos , #venezuela | Noticias TNSS | Facebook 


Esta catástrofe del 24 de junio de 2026 no fue solo sismos. Fue el suelo traicionero recordándonos fragilidad. Y la evidencia cruda de que el mal gobierno de turno le interesa un comino al pueblo. Familias destrozadas, niños perdidos, héroes anónimos cavando con uñas rotas. El polvo aún se asienta, los llantos siguen en noches sin luz. Venezuela llora, pero cava, busca, resiste. Cada nombre, cada historia, es un grito contra el olvido. La tierra rugió; el pueblo venezolano, aunque herido, se levanta entre ruinas. Nunca más sin preparación. Descansen en paz los que se fueron. Fuerza a los que quedan.

 

Escritor de Letras 

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