Negociar con quien nos hundió: el error de la política de Trump hacia Venezuela
Durante años, millones de venezolanos esperamos un día que parecía imposible: que Nicolás Maduro dejara de mandar. Ese día llegó el 3 de enero de 2026. Estados Unidos capturó a Maduro en su residencia de Caracas, tras bombardeos contra instalaciones estratégicas, y lo trasladó a Nueva York para enfrentar cuatro cargos por narcoterrorismo. Para muchos fue una mezcla de incredulidad, alivio y esperanza. Por fin alguien hacía algo. Pasaron diez meses, y la pregunta incómoda es la siguiente: ¿Para qué? ¿Para que cambiara el nombre de quien está sentado en Miraflores, mientras la estructura que destruyó al país sigue intacta, ahora con el visto bueno de Washington? E ste post defiende una tesis que no es cómoda para nadie, ni para los que aplaudieron a Trump sin matices ni para los que lo odian por reflejo. La captura de Maduro fue un golpe real a un régimen acusado de narcoterrorismo. Pero lo que vino después, la decisión de negociar, gobernar de facto y hacer negocios con los herederos de...

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